Podré dedicarte una canción, por amor a tu cuerpo y mente. Puedo dedicarte dos, por pasión y amistad. Te dedicare tres, por costumbres y celos. A la cuarta canción que te dedico, lo haré pensando en los momentos que solo yo puedo imaginar, y las situaciones en las que te puedo hallar.
A una Diosa, a mi más sincero placer y el altar de mis posesiones. Y un sueño invernal me invade, como el miedo al verle a los ojos, y su sonrisa sincera hace más espectacular mi existencia.
Que te puedo amar con locura, con la extraña locura y desesperación. Y los kilómetros se hacen pasos, y la lluvia se hace el roció diurno de mi necesidad, cada gota cayendo sobre ti grita que te ama y cada centímetro de ti, lo deseo a mi lado.
A una Diosa, a la más implacable de las criaturas, a la inmortal y bella, a la sed divina.
Mi corazón es tu mas sincero altar y mi alma tu fiel seguidora. A ella, a la inmaculada dama de fuego con labios de hielo. Estallando en miles de cristales que caen desde el cielo.
Te adoro en silencio. En secreto beso tus pies y recorro las columnas de tu templo. Escalo las montañas de tu pecho y me pierdo en los misterios de tu cabello, y idolatro así, mi diosa, tan poderosa como la naturaleza y tan tranquila como el tiempo.
Saludos! [la dedicatoria no hace falta]

1 comentario:
bueno, puro... inspirado... me hizo casi llorar y me gusto
solo eso...
me gusto.
va al punto
te lo agradesco de verdad
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