Seguimos cegados por un festejo que solo nos distrae de la realidad. Es tan sencillo y trillado como eso. Las cosas no están como para sonreirle a una patria que nos ha fallado; mentido y robado.
Algún día esa gente despertara sabiendo que no deberíamos festejar, pero el sabor de la fiesta les confunde el gusto amargo de un matanza sin tregua. Solo queda esperar.
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